Don't
My kryptonite

He descubierto cual es my kryptonite.

Los peluqueros.

Cada tanto (mucho tiempo), llega un momento en que no aguanto más mi pelo de tan largo, para una mejor idea de los lectores(?) de este blog, digamos que me refiero a que cuando el pelo me llega al culo.

En ese momento me agarra un arranque de locura, que seguramente termine en que yo misma, con mis problemas motrices agarre una tijera y me haga un desastre. Para evitarlo salgo lo más pronto posible a una peluquería. Si no tengo tiempo de ir a ver a mi peluquero de confiaza, termino en la primer peluquería donde no atienda una vieja con el pelo de Peggy (Married with children).

El momento crítico es cuando te preguntan como te querés cortar el pelo. Yo le explico más o menos lo que quiero y todo lo que NO quiero. Acá SIEMPRE, pero SIEMPRE POSTA, la mina te va a decir algo como “ay mami, con tu pelo no te puedo hacer eso”, “bueno, pero para mi te va a quedar mejor así” o cualquier otra frase que ya anticipe el funesto resultado.

Acá yo tendría que salir rajando, pero por algún extraño motivo no puedo.

Bueno, la mina corta, corta, corta… Yo ya voy viendo que está haciendo cualquier cosa. Generalmente ves que te corta mucho más de lo que le pediste, otras que te corta menos, pero nunca jamás va a hacer lo que le pediste.

Cuando termina de cortar tengo la esperanza de que eso se vea tan horrible porque tengo el pelo mojado y que seguramente después que me lo seque va a quedar como en una publicidad(?).

Pero no señor lector, cuando tenés el pelo seco y peinado te das cuenta de que la muy hija de puta te hizo todo lo que le pediste que NO te hiciera.

Lo lógico sería que yo, con mi caracter de mierda, mi tolerancia inexistente y mi facilidad para putear por lo más mínimos, terminara acuchillandola con las mismas tijeras que momentos antes cortaban mi pelo.

Lamento decepcionarlos pero no, no puedo, no me sale.

Pongo cara de que me gusta, digo que está bien y sonrío mientras que por dentro me pongo en minitah y tengo ganas de llorar o cortarme la cabeza con una tijera de podar.

Puedo putear a una vieja en el bus, a la cajera del super porque demora, al tachero que agarra por cualquier lado, etc, pero en una peluquería todos mis poderes(?) desaparecen y sufro. Encima siempre dejo buenas propinas.

Así que acá me tienen, recién llegada de la peluquería, pensando si realmente empeoraría la cosa tirandome nafta y un forsforo en el pelo, gritando/lloriqueando cada vez que paso por un espejo que extraño a Mane (mi peluquero).

blog comments powered by Disqus